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| Fizer celebra con los aficionados la permanencia en su último partido en Murcia |
Entre los motivos por los que he tardado tanto en llegar a
crear mi blog figura el de querer hacer el estreno con algo especial. Anoche me
llegó el anuncio, por vía del periodista argentino Julián Mozo, de que Marcus
Fizer retornaba a la acción fichando por el Weber Bahía Estudiantes, de la Liga
Nacional de Básquet del país sudamericano. Era el estímulo que me hacía falta
para que el simple pensamiento se plasmase en realidad.
¿Por qué Fizer? Porque es un jugador tremendamente especial.
No sólo por la cantidad de rumores e historias disparatadas que le han rodeado
a lo largo de su carrera baloncestística, que han sido más que su propio juego,
sino por su paso por la ACB, en el entonces llamado Polaris World Murcia,
equipo de mi ciudad.
Antes de Murcia
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| Fizer estrecha su mano con Stern |
Su carrera en la NBA, a la que llegó como número 4 del Draft
del año 2000 por Chicago Bulls, procedente de la universidad de Iowa State y
bajo la concepción de ser un nuevo Charles Barkley, jamás fue la esperada.
Incluso fue portada de Sports Illustrated. Tristemente, se puede decir que su
punto álgido llegó antes de pisar la cancha, con tan alta elección en el
concurso de novatos y prometedora comparación.
Miembro más de aquellos ‘Baby Bulls’ post-Jordan, en su año rookie demostró calidad y condiciones
dignas de buen jugador, aunque ponía en tela de juicio ser un ‘lottery pick’.
Tras ser incluido en el segundo quinteto ideal de novatos, su temporada sophomore fue la mejor de su periplo NBA
en cuanto números, pero en la que más dañada se vería su imagen personal ante
el mundo.
En octubre de 2002, poco antes de empezar la temporada,
Fizer era detenido por posesión de una pistola cargada en la guantera de su
coche. La prensa se lanzó sobre él sin piedad, lo normal en estos casos:
jugador de baloncesto afroamericano, con muchos tatuajes y de carácter
reservado. ¿Sentencia? Culpable. Al menos así pareció ser catalogado nuestro
protagonista por los medios de comunicación, que, sin esperar al juicio ni
conocer su opinión sobre lo ocurrido, decidieron lanzar el arpón. Por suerte,
la justicia no se vio tentada por el morbo y el ruido de los periodistas
americanos y, tras demostrarse que el arma no era de Fizer, que ni si quiera
sabía cómo llegó allí, declaró inocente al de los Bulls. De la sentencia real,
sin embargo, no pareció originarse el mismo eco.
Pero, como dijo en su día la leyenda de los Phoenix Suns,
Larry Nance, “da igual lo que hagas en la vida, si en algún momento te colgaron
una etiqueta, cargarás con ella para siempre”. Y vaya si Fizer tuvo que cargar
con ella.
Sin importarle lo que llegase desde el exterior, la
evolución que venía mostrando en su juego se frenó en seco en enero de 2003,
sufriendo en su rodilla derecha la primera de sus tres roturas de ligamentos
cruzados. Hombre de profundas creencias religiosas, las cuales guían su vida en
la actualidad, consideró éste y sus interminables problemas físicos “castigos
de Dios”, ya que reconoce que en su época de estudiante universitario no siguió
precisamente el más estricto camino de la moralidad. Por si no hubiese sido
bastante, en plena recuperación física recibió un castigo anímico con la muerte
de Danielle Robinson, uno de sus mejores amigos de la infancia.
Su lesión, como es lógico, propició un inevitable declive en su nivel de juego, que a partir de entonces funcionó a base de chispazos, destacando un histórico registro de 30 puntos y 20 rebotes en el penúltimo partido de la temporada 2003/04 y como jugador ‘bull’. Ese mismo verano, el nuevo equipo de la NBA, Charlotte Bobcats, le elegía para su plantel en el ‘draft de expansión’, pero no llegaría a jugar para la actual franquicia de Michael Jordan, firmando como agente libre con Milwaukee Bucks, donde sólo permaneció una temporada en la que pasó con más pena que gloria. Entre su bajón de juego y las miles de historias que podían saltar sobre su personalidad –incluso llegó a circular el rumor de que tenía una serpiente en el vestuario a la que sacaba a pasear-, no fue fácil encontrar nuevo acomodo.
Llegaría entonces a Austin Toros, de la NBDL, donde se pondría a las órdenes de la leyenda de los Boston Celtics, Dennis Johnson, el entrenador que más profundamente le marcó, como el propio Fizer reconocería. Allí, alejado de los focos de la NBA y la sensación de tener miles de ojos juzgándole clavados sobre sí en cuanto saliese a jugar, su carrera sufrió de un positivo punto de inflexión. Bajo las órdenes de Johnson, Fizer encontró su paz interior y realizó una gran temporada, coronándose MVP de la NBDL con 22’7 puntos y 7’8 rebotes por partido, y el premio de disputar algunos partidos NBA de nuevo con los New Orleans Hornets, por entonces exiliados en Oklahoma City.
El jugador se encontraba en un gran estado de forma, qué duda cabía a tenor de su rendimiento y el reconocimiento como jugador más valioso de la liga de desarrollo. Esto llamó la atención de los dos equipos más poderosos de España, Real Madrid y F.C. Barcelona, que a principios de verano en 2006 tantearon su fichaje, el cual terminaron por desechar a vista de los comentarios negativos que podían encontrar en la parcela extradeportiva del jugador. Pasado el interés de los grandes, sí confío en él un modesto y recién ascendido Polaris World Murcia, que estaba de vuelta en la ACB con ganas de hacer algo grande, y echaba el resto por el jugador. Fizer aceptó y a finales de agosto llegó a la Capital del Segura para cerrar una plantilla de grandes nombres.
Etapa en Murcia
Aterriza en la ACB. Vale, jugar para el Polaris World Murcia
no es algo de lo que presumir tanto como si se hiciese para Madrid o Barcelona.
Pero aquí estaba, en la mejor liga de Europa y segunda del mundo, dispuesto a
redimirse y demostrar que podía volver a tener hueco en la NBA.
Pero al poco de llegar… las lesiones de nuevo. En el último tramo de una pretemporada de la que fue el máximo anotador, Fizer sufre una rotura fibrilar que le tendrá un mes de baja. Se pierde por tanto el inicio de la ACB, en la que debutaría en la sexta jornada de competición en Sevilla, frente al Caja San Fernando, con 13 puntos y 9 rebotes en 20 minutos. Grandes números a tenor de otro mazazo anímico que recibió esa misma semana, con la muerte de su anterior entrenador, Dennis Johnson. “Era una gran persona y un gran amigo. Como entrenador fue, en el buen sentido, extremadamente duro conmigo. Me exigía mucho esfuerzo y me lo ponía todo claro. Sabía lo que quería. Guardo excelentes recuerdos de él, tanto fuera como dentro de la pista. Él fue el que me devolvió las ganas de jugar”, reconocía a Solobasket.
En la siguiente jornada llegaría un momento muy recordado por los aficionados murcianos. Nuevamente fuera de casa, el recién ascendido Polaris World Murcia llegaba al Palacio de Vistalegre, feudo del Real Madrid, equipo que pasó de Marcus Fizer ese mismo verano y que acabó siendo campeón de liga aquella temporada. Fue además el primer partido que los aficionados murcianos pudieron ver en directo a Fizer, ya que el anterior en Sevilla no fue televisado. Y digo recordado, no por la excelente actuación del jugador, ni mucho menos. De hecho, fue su peor partido de la temporada y el único en que dejó una valoración negativa y no alcanzó los 10 puntos. El caso es, y vayamos ya de una vez al grano, que en una de las primeras bolas que toca el jugador, tiene enfrente como defensor a Axel Hervelle, jugador cuyas cualidades defensivas y guerreras no vamos a descubrir ahora. Fizer encara hacia canasta y ¡pum!, choque de trenes. Los dos al suelo, rifirrafe convertido en tangana y técnica a ambos jugadores. Vistalegre abuchea al murcianista. Acto seguido, y dirigiéndose a los pocos aficionados murcianos desplazados a la capital española, Fizer estira su elástica mandado un claro mensaje. No se achanta ante nadie, ningún equipo le intimida y está aquí para defender los intereses del Polaris World Murcia. Necesario es aclarar que el gesto estuvo dirigido y dedicado única y exclusivamente a los aficionados murcianos, y que en ningún momento se dirigió al público local de modo desafiante. También conviene decir que después de cada partido, Fizer convirtió este gesto de lealtad en rutina.
Por
cierto, en el partido de vuelta disputado en Murcia, en un nuevo choque
Fizer-Hervelle, el belga fue al suelo. Antes de que ningún compañero
madridista le ayudase a levantarse, el americano tendió su mano.
Desconocido resulta si fue este partido y el incidente con Hervelle lo que espoleó el excelente rendimiento de Fizer a partir de entonces, así como su inmaculada comunión con los seguidores del equipo murciano, que con multitud de gestos se demostraron amor mutuo a lo largo de la estancia del jugador en España. A partir de entonces, Fizer se convirtió en una tremenda máquina anotadora. Lástima de una nueva lesión a finales de temporada, que le impidió alzarse con el título de máximo anotador de la temporada, computando un partido menos del exigido para figurar como tal. Honor que recayó en Juan Carlos Navarro, que promedió 17’3 puntos por partido, por los 18’9 de Fizer, a los que añadió 6’8 rebotes.
No se iría de la ACB sin embargo con las manos vacías, y sería coronado dos veces como mejor jugador de la jornada. La primera vez en la vigésima jornada, en la que logró 27 puntos, capturó 7 rebotes y recibió 11 faltas personales para 32 de valoración contra el Pamesa Valencia; y la segunda en la jornada número 23, en el Palau Blaugrana frente al otro grande que descartó su fichaje, el Winterthur F.C. Barcelona, al que le endosó 31 puntos acompañados de 8 rebotes para un total de 33 de valoración.
Pero si hay un partido a
recordar de la etapa de Marcus Fizer como jugador de Polaris World Murcia, ese
es el que enfrentó a su equipo en la última jornada de liga contra el
ViveMenorca. Un encuentro dramático, ya que, en caso de que Etosa Alicante
ganase su duelo contra Gran Canaria Grupo Dunas, el perdedor del encuentro
celebrado en Murcia descendería a liga LEB. Un partido al que los locales
llegaban con la duda hasta última hora de su jugador estrella, que con una
nueva rotura muscular había sido baja en cuatro de los últimos cinco partidos.
Poco importó con tanto en juego. Fizer desoyó consejos médicos sobre su
participación en la cita, y con un vendaje que le ocupaba toda la pierna
derecha, firmaría 20 puntos y 14 rebotes para guiar a su equipo a la victoria y
la permanencia. Tras el bocinazo final, gesto de crack. El ala-pívot decidió
tener ahora él un gesto con una afición que tanto le había apoyado en un año de
redención para él, y ni corto ni perezoso decidió subirse a la mesa de prensa
para aplaudir a todo el público del Palacio de los Deportes, que al tiempo que
le vitoreaba invadía la cancha en busca de una foto con el máximo anotador de
la ACB.
En rueda de prensa, su entrenador Manolo Hussein, que nunca ha tenido fama de conectar demasiado bien con sus jugadores, se rendía a su figura: “Un tío que medio cojo y con la permanencia en juego mete 20 puntos y coge 14 rebotes… no hay palabras”.
Ese fue su último partido con la camiseta del Polaris World Murcia y en la ACB.
Lado humano
Jugadores extranjeros que hayan pasado por Murcia y hecho
grandes temporadas a nivel individual ha habido muchos, los más recientes, por
ejemplo, Taquan Dean o James Augustine, el jugador más valorado y máximo
reboteador de la pasada Liga Endesa. Pero que se hayan acercado a su lado
humano, pocos. Que lo hayan alcanzado, ninguno. Más que por su juego –que ya es
decir-, a Fizer siempre se le guardará un cariño tremendamente especial en Murcia
por sus acciones fuera de la pista.
Pocos jugadores pueden sorprender más en su faceta humana que alguien como él. Un tío que llegaba con su historial, con Madrid y Barcelona pasando de contratarle por su comportamiento fuera de la pista, y del que, en definitiva, se oía mucho malo y nada bueno… no podía ser así. Una de dos. O todo lo anterior era mentira, o éste no era el Marcus Fizer que decían. Y qué manera de conectar con la afición. Increíble.
El que escribe no sabe ni por dónde empezar. Como decimos,
no llegaba con el mejor cartel posible. Al ser cuestionado sobre ello, él sólo
podía negarlo al tiempo que una pequeña sonrisa de incredulidad se dibujaba en
su cara, y aclaraba que “no me importa nada lo que diga la gente. Bueno, sí,
pero sólo la del Polaris World Murcia”. Ni serpientes en el vestuario, ni
pistolas con las que salir a pasear… ¿Y los tatuajes? Todos con un significado.
Destaca uno que incluso está dedicado a las víctimas del atentado terrorista
del 11 de septiembre de 2001, en el que “quise homenajear a las víctimas y esta
es mi forma de expresar lo mucho que me afectó”. Sus tatuajes también sirven
para rendir tributo y cariño a su familia, además de otros símbolos religiosos.
La temporada que pasó Marcus Fizer en Murcia era la primera que pasaba fuera de Estados Unidos y, por consecuencia, la primera que pasaba alejado de su familia. “Fue muy duro alejarme de mis hijos, pero era lo mejor para mi carrera y su futuro”. Pero no fue este un factor que hiciese de las Navidades de 2006 unas fiestas sin regalos ni bondad que repartir. Por iniciativa propia, a finales de diciembre y al poco de terminar un entrenamiento, se dirigió a las oficinas del club. Había algo muy serio de lo que hablar. Fizer pidió saber cuáles eran y dónde estaban los barrios más pobres y con más familias necesitadas de Murcia. En las oficinas no podían creérselo. Menuda joya. Así, gracias a la colaboración de los distintos departamentos del club, el americano, previa cuantiosa compra de juguetes, se acercó al barrio Espíritu Santo, más conocido como ‘Casas baratas’, para visitar a seis familias faltas de recursos y regalar a los más pequeños de la casa juguetes con los que pasar unas felices Navidades. Lejos de querer enfundarse de halagos por su desinteresado gesto, Fizer aclaraba. “No se trata de generosidad, es un deber. Ayudar a los que no tienen muchas oportunidades es necesario”.
Su espíritu altruista no conocía límites, y estuvo encantado
de días más tarde visitar con el resto de sus compañeros a los niños enfermos
que, por necesidad de estar hospitalizados, no iban a poder disfrutar de unas
Navidades en casa, para, nuevamente, repartir juguetes entre ellos. Un Papá
Noel de raza negra, cabeza rapada, sin barba y musculoso.
También participó activamente en una tradicional recogida de alimentos promovida por la Zona Pimentonera, fiel peña de aficionados al Club Baloncesto Murcia, y fue uno de los favoritos a la hora de visitar colegios para pasar un buen rato junto a los niños, inculcando los valores de la educación y el deporte.
Su integración con Murcia qué duda cabía que había sido total. Llegado el mes de abril, incluso se vistió con el traje regional de huertanico, con el que cada año se echa toda la ciudad a la calle para festejar el Bando de la Huerta, perteneciente a las Fiestas de Primavera. También los murcianos se adaptaban a Fizer, y, temerosos pero conscientes de que lo más normal fuese que al año siguiente volviese a la NBA o recalase en alguna potencia europea, fabricaban un muñeco como réplica para tenerle siempre presente. Réplica que, por cierto, no descansa en Murcia, sino en Mahón (Menorca), ya que fue entregada en señal de hermandad a los aficionados menorquines que vivieron en Murcia la fatídica última jornada.
Como despedida a su afición, además del aplauso brindado al
término del último partido, Marcus Fizer escribía una carta de respuesta a las
muchas llegadas por parte de los aficionados murcianos pidiéndole que
continuase con ellos la próxima temporada
También en el vestuario fue un líder apreciado, y ejerció de hermano mayor para un joven Goran Dragic que ahora despunta en la NBA y que acaba de firmar un contrato de estrella con el que volver a los Phoenix Suns en la era post-Nash. “Le cuida mucho”, revelaban desde el cuerpo técnico del equipo.
Un hombre cuyo pasado poco importaba. Él siempre lo decía, “no importa lo que digan los demás”. Su camino sólo era escrito por el mismo, usando como luz de guía la religión. Fizer lee a diario la Biblia, incluso cuando está recibiendo tratamiento fisioterapéutico. Leer el libro sagrado forma parte de su ritual pre-partido, además de orar y escuchar música góspel, con la que se concentra realizando el calentamiento.
Marcus Fizer pudo destacar en Murcia y la ACB por muchas cosas, pero sobre todo por su lado humano. Un corazón demasiado grande al que se trató de manera injusta durante buena parte de su carrera.
Después de Murcia
Desde el día en que salió por la puerta de atrás de la NBA,
el objetivo de Marcus Fizer siempre fue volver allí para demostrar su valía.
Mientras estudiaba sus ofertas para la próxima temporada, entre que las que se
encontraba la de renovación murciana, el jugador llegó a realizar algunos
entrenamientos privados con franquicias de la NBA, y cerca anduvo de firmar por
los Atlanta Hawks, pero la mareante oferta económica llegada desde Tel Aviv le
convenció para seguir jugando ‘overseas’. Daba mucha tranquilidad y estabilidad
económica para su familia, que era lo más importante para él. Jugaría en el
mítico Maccabi de Tel Aviv, un candidato perenne a jugar cada año la Final Four
de la Euroliga.
Pero antes de llegar a Israel Fizer quiso aprovechar el verano para incrementar su fuerza y terminar de ponerse en forma, ya que la temporada en Murcia no había sido fácil para su cuerpo. Decidió viajar hasta Puerto Rico para jugar con los Capitanes de Arecibo, una liga en la que ganar dinero fácil y de no muy alta competitividad, perfecta para llegar en buenas condiciones a Tel Aviv.
Pero allí las lesiones volverían a castigarle. O, mejor dicho, Ioannis Bourousis, que en una acción intencionada en el aire golpeó con dureza a Fizer, que volvió a caer lesionado de gravedad. Maccabi acabaría cumpliendo el objetivo de regresar a la Final Four de la Euroliga, pero nuestro protagonista no podría disfrutar del momento. Además, su adaptación al equipo no fue la deseada, y los problemas con su entrenador, Oded Kattash, se sucedieron, por lo que fue cortado. Finalmente, al poco de empezar la segunda temporada, se le realizarían pruebas médicas para reafirmar su estado físico, y ficharía por otra temporada con los hebreos, sin Kattash al mando. No duró, pues sería cortado, poco después de la vuelta de Pini Gherson.
Tras esto, decidió volver a una buena experiencia, la de los
Capitanes de Arecibo, donde cada noche se veía sin demasiados problemas para
superar los 20 puntos y los 10 rechaces por partido. Más tarde, una oferta por
jugar en la liga exótica de Taiwan llegaba a su agente, concretamente del
equipo Taiwan Mobile. Una liga desconocida de muy bajo nivel pero que sin
embargo convenció a Fizer para probar la aventura. Aventura que, eso sí, no
llegaría muy lejos, ya que después de jugar un partido en el que se fue a 23
puntos y 11 rebotes, su entrenador Jia Fan decidió despedirlo, tras éste pedir
un trato preferencial en el vestuario.
Y vuelta a Puerto Rico, pero esta vez a los Mets de Guayabo. Su juego allí fue parecido al desplegado en Arecibo y bien le valdrían una nueva oportunidad en Israel, aunque ahora en el Maccabi Ashdod. Tampoco fue bien, y la mala suerte volvía a aparecer en su camino. No llegó a jugar con su nuevo equipo al no pasar con éxito las pruebas médicas.
Marcus Fizer hoy
En sus idas y venidas con el deporte de la canasta, Fizer no pierde el tiempo y tiene una nueva ocupación acorde con su estilo de vida: pastor del grupo de jóvenes de la Iglesia del Dios es Cristo, en Arcadia (Louisiana), donde reside junto a su mujer y sus cinco descendientes.
Tras un duro verano entrenando en solitario (en el canal de YouTube del usuario hollywoodsr se pueden ver multitud de vídeos de Fizer realizando ejercicios de tiro, al poste bajo, pruebas de fuerza y velocidad, etc.), parece que encuentra acomodo en Argentina, volviendo al origen de este artículo. Juan Alberto Espil, viejo conocido de la afición española tras su paso por Baskonia, Joventut, Manresa, Tenerife y Bilbao, es ahora director deportivo en el club Weber Bahía Estudiantes de la LNB argentina, y conocedor del juego dominante de Fizer en un óptimo estado de salud, ha decidido darle su enésima oportunidad en el baloncesto. A sus 34 años, su rendimiento es una incógnita tras tres roturas de ligamentos cruzados y multitud de distintas lesiones y la NBA queda lejos, pero por fe que no sea.
Mucha suerte y gracias por todo lo que hiciste en Murcia, Marcus.
* Fuentes consultadas: Gigantes del Basket, Solobasket, Revista PWM, ACB.com, NBA.com
Su lesión, como es lógico, propició un inevitable declive en su nivel de juego, que a partir de entonces funcionó a base de chispazos, destacando un histórico registro de 30 puntos y 20 rebotes en el penúltimo partido de la temporada 2003/04 y como jugador ‘bull’. Ese mismo verano, el nuevo equipo de la NBA, Charlotte Bobcats, le elegía para su plantel en el ‘draft de expansión’, pero no llegaría a jugar para la actual franquicia de Michael Jordan, firmando como agente libre con Milwaukee Bucks, donde sólo permaneció una temporada en la que pasó con más pena que gloria. Entre su bajón de juego y las miles de historias que podían saltar sobre su personalidad –incluso llegó a circular el rumor de que tenía una serpiente en el vestuario a la que sacaba a pasear-, no fue fácil encontrar nuevo acomodo.
Llegaría entonces a Austin Toros, de la NBDL, donde se pondría a las órdenes de la leyenda de los Boston Celtics, Dennis Johnson, el entrenador que más profundamente le marcó, como el propio Fizer reconocería. Allí, alejado de los focos de la NBA y la sensación de tener miles de ojos juzgándole clavados sobre sí en cuanto saliese a jugar, su carrera sufrió de un positivo punto de inflexión. Bajo las órdenes de Johnson, Fizer encontró su paz interior y realizó una gran temporada, coronándose MVP de la NBDL con 22’7 puntos y 7’8 rebotes por partido, y el premio de disputar algunos partidos NBA de nuevo con los New Orleans Hornets, por entonces exiliados en Oklahoma City.
El jugador se encontraba en un gran estado de forma, qué duda cabía a tenor de su rendimiento y el reconocimiento como jugador más valioso de la liga de desarrollo. Esto llamó la atención de los dos equipos más poderosos de España, Real Madrid y F.C. Barcelona, que a principios de verano en 2006 tantearon su fichaje, el cual terminaron por desechar a vista de los comentarios negativos que podían encontrar en la parcela extradeportiva del jugador. Pasado el interés de los grandes, sí confío en él un modesto y recién ascendido Polaris World Murcia, que estaba de vuelta en la ACB con ganas de hacer algo grande, y echaba el resto por el jugador. Fizer aceptó y a finales de agosto llegó a la Capital del Segura para cerrar una plantilla de grandes nombres.
Etapa en Murcia
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| Fizer, ataviado con los colores del P.W. Murcia |
Pero al poco de llegar… las lesiones de nuevo. En el último tramo de una pretemporada de la que fue el máximo anotador, Fizer sufre una rotura fibrilar que le tendrá un mes de baja. Se pierde por tanto el inicio de la ACB, en la que debutaría en la sexta jornada de competición en Sevilla, frente al Caja San Fernando, con 13 puntos y 9 rebotes en 20 minutos. Grandes números a tenor de otro mazazo anímico que recibió esa misma semana, con la muerte de su anterior entrenador, Dennis Johnson. “Era una gran persona y un gran amigo. Como entrenador fue, en el buen sentido, extremadamente duro conmigo. Me exigía mucho esfuerzo y me lo ponía todo claro. Sabía lo que quería. Guardo excelentes recuerdos de él, tanto fuera como dentro de la pista. Él fue el que me devolvió las ganas de jugar”, reconocía a Solobasket.
En la siguiente jornada llegaría un momento muy recordado por los aficionados murcianos. Nuevamente fuera de casa, el recién ascendido Polaris World Murcia llegaba al Palacio de Vistalegre, feudo del Real Madrid, equipo que pasó de Marcus Fizer ese mismo verano y que acabó siendo campeón de liga aquella temporada. Fue además el primer partido que los aficionados murcianos pudieron ver en directo a Fizer, ya que el anterior en Sevilla no fue televisado. Y digo recordado, no por la excelente actuación del jugador, ni mucho menos. De hecho, fue su peor partido de la temporada y el único en que dejó una valoración negativa y no alcanzó los 10 puntos. El caso es, y vayamos ya de una vez al grano, que en una de las primeras bolas que toca el jugador, tiene enfrente como defensor a Axel Hervelle, jugador cuyas cualidades defensivas y guerreras no vamos a descubrir ahora. Fizer encara hacia canasta y ¡pum!, choque de trenes. Los dos al suelo, rifirrafe convertido en tangana y técnica a ambos jugadores. Vistalegre abuchea al murcianista. Acto seguido, y dirigiéndose a los pocos aficionados murcianos desplazados a la capital española, Fizer estira su elástica mandado un claro mensaje. No se achanta ante nadie, ningún equipo le intimida y está aquí para defender los intereses del Polaris World Murcia. Necesario es aclarar que el gesto estuvo dirigido y dedicado única y exclusivamente a los aficionados murcianos, y que en ningún momento se dirigió al público local de modo desafiante. También conviene decir que después de cada partido, Fizer convirtió este gesto de lealtad en rutina.
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| Fizer deja claro con quién está |
Desconocido resulta si fue este partido y el incidente con Hervelle lo que espoleó el excelente rendimiento de Fizer a partir de entonces, así como su inmaculada comunión con los seguidores del equipo murciano, que con multitud de gestos se demostraron amor mutuo a lo largo de la estancia del jugador en España. A partir de entonces, Fizer se convirtió en una tremenda máquina anotadora. Lástima de una nueva lesión a finales de temporada, que le impidió alzarse con el título de máximo anotador de la temporada, computando un partido menos del exigido para figurar como tal. Honor que recayó en Juan Carlos Navarro, que promedió 17’3 puntos por partido, por los 18’9 de Fizer, a los que añadió 6’8 rebotes.
No se iría de la ACB sin embargo con las manos vacías, y sería coronado dos veces como mejor jugador de la jornada. La primera vez en la vigésima jornada, en la que logró 27 puntos, capturó 7 rebotes y recibió 11 faltas personales para 32 de valoración contra el Pamesa Valencia; y la segunda en la jornada número 23, en el Palau Blaugrana frente al otro grande que descartó su fichaje, el Winterthur F.C. Barcelona, al que le endosó 31 puntos acompañados de 8 rebotes para un total de 33 de valoración.
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| Marcus Fizer supera a Paul Shirley |
En rueda de prensa, su entrenador Manolo Hussein, que nunca ha tenido fama de conectar demasiado bien con sus jugadores, se rendía a su figura: “Un tío que medio cojo y con la permanencia en juego mete 20 puntos y coge 14 rebotes… no hay palabras”.
Ese fue su último partido con la camiseta del Polaris World Murcia y en la ACB.
Lado humano
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| Marcus Fizer, un hombre con un corazón enorme |
Pocos jugadores pueden sorprender más en su faceta humana que alguien como él. Un tío que llegaba con su historial, con Madrid y Barcelona pasando de contratarle por su comportamiento fuera de la pista, y del que, en definitiva, se oía mucho malo y nada bueno… no podía ser así. Una de dos. O todo lo anterior era mentira, o éste no era el Marcus Fizer que decían. Y qué manera de conectar con la afición. Increíble.
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| Brown y Fizer colaboran en McDonald's |
La temporada que pasó Marcus Fizer en Murcia era la primera que pasaba fuera de Estados Unidos y, por consecuencia, la primera que pasaba alejado de su familia. “Fue muy duro alejarme de mis hijos, pero era lo mejor para mi carrera y su futuro”. Pero no fue este un factor que hiciese de las Navidades de 2006 unas fiestas sin regalos ni bondad que repartir. Por iniciativa propia, a finales de diciembre y al poco de terminar un entrenamiento, se dirigió a las oficinas del club. Había algo muy serio de lo que hablar. Fizer pidió saber cuáles eran y dónde estaban los barrios más pobres y con más familias necesitadas de Murcia. En las oficinas no podían creérselo. Menuda joya. Así, gracias a la colaboración de los distintos departamentos del club, el americano, previa cuantiosa compra de juguetes, se acercó al barrio Espíritu Santo, más conocido como ‘Casas baratas’, para visitar a seis familias faltas de recursos y regalar a los más pequeños de la casa juguetes con los que pasar unas felices Navidades. Lejos de querer enfundarse de halagos por su desinteresado gesto, Fizer aclaraba. “No se trata de generosidad, es un deber. Ayudar a los que no tienen muchas oportunidades es necesario”.
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| Triguero y Fizer entregaron juguetes a los niños hospitalizados |
También participó activamente en una tradicional recogida de alimentos promovida por la Zona Pimentonera, fiel peña de aficionados al Club Baloncesto Murcia, y fue uno de los favoritos a la hora de visitar colegios para pasar un buen rato junto a los niños, inculcando los valores de la educación y el deporte.
Su integración con Murcia qué duda cabía que había sido total. Llegado el mes de abril, incluso se vistió con el traje regional de huertanico, con el que cada año se echa toda la ciudad a la calle para festejar el Bando de la Huerta, perteneciente a las Fiestas de Primavera. También los murcianos se adaptaban a Fizer, y, temerosos pero conscientes de que lo más normal fuese que al año siguiente volviese a la NBA o recalase en alguna potencia europea, fabricaban un muñeco como réplica para tenerle siempre presente. Réplica que, por cierto, no descansa en Murcia, sino en Mahón (Menorca), ya que fue entregada en señal de hermandad a los aficionados menorquines que vivieron en Murcia la fatídica última jornada.
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| Marcus Fizer, huertano |
"Gracias por las cartas y las palabras amables. Este año pasado ha sido estupendo, ¡inolvidable! ¡Gracias por todo!"
También en el vestuario fue un líder apreciado, y ejerció de hermano mayor para un joven Goran Dragic que ahora despunta en la NBA y que acaba de firmar un contrato de estrella con el que volver a los Phoenix Suns en la era post-Nash. “Le cuida mucho”, revelaban desde el cuerpo técnico del equipo.
Un hombre cuyo pasado poco importaba. Él siempre lo decía, “no importa lo que digan los demás”. Su camino sólo era escrito por el mismo, usando como luz de guía la religión. Fizer lee a diario la Biblia, incluso cuando está recibiendo tratamiento fisioterapéutico. Leer el libro sagrado forma parte de su ritual pre-partido, además de orar y escuchar música góspel, con la que se concentra realizando el calentamiento.
Marcus Fizer pudo destacar en Murcia y la ACB por muchas cosas, pero sobre todo por su lado humano. Un corazón demasiado grande al que se trató de manera injusta durante buena parte de su carrera.
Después de Murcia
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| Fizer machaca ante la mirada de Cabezas |
Pero antes de llegar a Israel Fizer quiso aprovechar el verano para incrementar su fuerza y terminar de ponerse en forma, ya que la temporada en Murcia no había sido fácil para su cuerpo. Decidió viajar hasta Puerto Rico para jugar con los Capitanes de Arecibo, una liga en la que ganar dinero fácil y de no muy alta competitividad, perfecta para llegar en buenas condiciones a Tel Aviv.
Pero allí las lesiones volverían a castigarle. O, mejor dicho, Ioannis Bourousis, que en una acción intencionada en el aire golpeó con dureza a Fizer, que volvió a caer lesionado de gravedad. Maccabi acabaría cumpliendo el objetivo de regresar a la Final Four de la Euroliga, pero nuestro protagonista no podría disfrutar del momento. Además, su adaptación al equipo no fue la deseada, y los problemas con su entrenador, Oded Kattash, se sucedieron, por lo que fue cortado. Finalmente, al poco de empezar la segunda temporada, se le realizarían pruebas médicas para reafirmar su estado físico, y ficharía por otra temporada con los hebreos, sin Kattash al mando. No duró, pues sería cortado, poco después de la vuelta de Pini Gherson.
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| Fizer, en posición de triple amenaza |
Y vuelta a Puerto Rico, pero esta vez a los Mets de Guayabo. Su juego allí fue parecido al desplegado en Arecibo y bien le valdrían una nueva oportunidad en Israel, aunque ahora en el Maccabi Ashdod. Tampoco fue bien, y la mala suerte volvía a aparecer en su camino. No llegó a jugar con su nuevo equipo al no pasar con éxito las pruebas médicas.
Marcus Fizer hoy
En sus idas y venidas con el deporte de la canasta, Fizer no pierde el tiempo y tiene una nueva ocupación acorde con su estilo de vida: pastor del grupo de jóvenes de la Iglesia del Dios es Cristo, en Arcadia (Louisiana), donde reside junto a su mujer y sus cinco descendientes.
Tras un duro verano entrenando en solitario (en el canal de YouTube del usuario hollywoodsr se pueden ver multitud de vídeos de Fizer realizando ejercicios de tiro, al poste bajo, pruebas de fuerza y velocidad, etc.), parece que encuentra acomodo en Argentina, volviendo al origen de este artículo. Juan Alberto Espil, viejo conocido de la afición española tras su paso por Baskonia, Joventut, Manresa, Tenerife y Bilbao, es ahora director deportivo en el club Weber Bahía Estudiantes de la LNB argentina, y conocedor del juego dominante de Fizer en un óptimo estado de salud, ha decidido darle su enésima oportunidad en el baloncesto. A sus 34 años, su rendimiento es una incógnita tras tres roturas de ligamentos cruzados y multitud de distintas lesiones y la NBA queda lejos, pero por fe que no sea.
Mucha suerte y gracias por todo lo que hiciste en Murcia, Marcus.
* Fuentes consultadas: Gigantes del Basket, Solobasket, Revista PWM, ACB.com, NBA.com











Felicidades por este primer artículo, que sea el primero de muchos en este blog, que tan buena pinta tiene
ResponderEliminarQue buen blog, soy argentino y aficionado del basquet, déjame comentarte que para alegría de tu pueblo y tu club fizer esta siendo el extrajero mas determinante del comienzo de la liga. No tiene un 5 que le haga sombre y si el físico se lo permite va a ser el mejor de la liga. Y un detalle que no pusiste, en su nuevo club tiene de compañero a Pepe Sanchez, pero no ha podido jugar por lesión, cuando se recupere seran una dupla increíble.
ResponderEliminarAbrazo desde Comodoro Rivadavia patagonia Argentina, gracias por la info.
Genial artículo, soy de Torre-Pacheco y comencé a ser aficionado del CB Murcia en aquella temporada de Fizer en el club murciano, me enamoré de su juego y desde entonces he tratado de estar atento a los distintos episodios que se sucedían en su carrera. Aún así, he descubierto nuevos detalles en tu post, muchas gracias y sigue así!
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